Fotografia

Vajillas artesanas y personalizadas para chefs que marcan la diferencia

noviembre 22, 2020


Este post reúne algunas de mis cosas favoritas: la fotografía, la cerámica y la gastronomía. Soy de esas personas que cuando les gusta una vajilla en un restaurante pregunta de dónde es o incluso les da la vuelta para ver si hay sello de la marca. Lo mejor es cuando ya intuyes de quién puede ser el plato y reconoces al artista que hay detrás de él. Me parece que es un valor a tener en cuenta tanto cuando acudes a comer a algún local, como en casa. La sensación cambia cuando pones una bonita mesa y te rodeas de belleza. "Se come también con los ojos" nos cuenta el chef José Rojano que asegura que "No es lo mismo comer, que comer en una vajilla bonita y personalizada, pensada para acoger específicamente ese plato". La vajilla del Bodegón del Pueblo Canario ya estaba cuando tomó las riendas del restaurante, pero ha ido ampliando las piezas diseñándolas específicamente para sus creaciones con diseños personalizados hechos por Mira Cerámica. Es, sin duda, un elemento diferenciador. Hay un hermoso viaje desde la idea, que tiene el chef, hasta la materia, ese cuenco, esa taza...creada por manos artesanas. Una experiencia que alcanza al comensal cuando el plato llega a su mesa. Su forma, su color, su textura..., te cuentan una historia. 

Bodegón del Pueblo Canario. Foto: Iraya Pérez
Bodegón del Pueblo Canario. Foto: Iraya Pérez

Conocí a los dos miembros de Mira por separado y ya me gustaba lo que hacían, y ahora que se han unido, lo que crean es pura magia. Piezas capaces de trasladarte a lugares lejanos o a tus propias raíces. Para Rocío y Gustavo la cerámica no solo es su modo de vida sino también su modo de expresión, de sentir, un modo de conectar a través de las emociones con la persona que sostiene en sus manos cada una de sus piezas.  

 La Trastienda de Chago. Foto: Iraya Pérez

La Trastienda de Chago. Foto: Iraya Pérez

"La vajilla artesanal de un restaurante se puede comparar a un buen servicio, a un adecuado diseño del espacio, a su comodidad..., aspectos a veces intangibles que transmiten y suman", nos cuenta Gustavo. También las usan en casa. "Nos resulta infinitamente más cálido y agradable usar nuestras vajillas", asegura Rocío. Se quedan siempre, eso sí, con las que tienen algún defecto. No solo porque así les dan un hogar, sino porque les encanta  realmente esa belleza imperfecta, ese wabi-sabi que sería el término japonés. Japón les fascina y se nota su influencia en las piezas. Les gusta su diseño y su sentido práctico. Rocío cuenta que desde muy joven cuando veía cerámica japonesa, aunque fuera en un libro, sentía cosquillitas. Una sensación que, por experiencia digo, se traspasa cuando adquieres una de sus piezas. 

Calma Chicha. Foto: Iraya

La cerámica forma parte de la experiencia en un restaurante y también en casa. Cada vea más personas disfrutan de cocinar en el hogar, de valorar los momentos de encuentro alrededor de una buena mesa. "La belleza tiene su función, la de hacernos sentir bien", nos recuerda Rocío. Y la cerámica siempre está muy presente en nuestras  vidas. Ya sea un regalo que guardas con especial cariño, una pieza elegida y comprada por ti, heredada de alguien querido o traída de algún viaje. Son parte de nuestros recuerdos.

Ay, Carmela. Foto: Iraya Pérez

Ay, Carmela. Foto: Iraya Pérez

Todas las fotos de este post son de mi querida maestra Iraya Pérez, con quien comparto la pasión por la fotografía y también por la cerámica. Desde siempre ha sentido atracción por el proceso artesano. "No solo por su lado artístico, sino también por esa carga de herencia cultural muy necesaria", nos cuenta. Afirma que el uso de las manos, el tacto como herramienta de creación, aporta al producto final un carácter único e irrepetible. Hace fotografía porque es el lenguaje con el que se siente más cómoda. Le gusta conectar con el momento presente, con la belleza de lo sutil, dos aspectos que enlazan bien con la artesanía. Cuando veía piezas de Rocío algo le impulsaba a conocerla, quería capturar con su cámara la magia que nacía de sus manos. Tras una breve sesión casi improvisada, el momento de trabajar juntas llegó tras la unión con Gustavo para crear Mira Cerámica.  Desde entonces ha tenido el privilegio de acompañarles en este camino retratando sus creaciones. 

El Almirez. Foto: Iraya Pérez
El Almirez. Foto: Iraya Pérez


Fotografia

En busca de mi estilo fotográfico

abril 18, 2020


Hacía mucho, muchísimo tiempo, que no pasaba por aquí. Instagram me ha mantenido ocupada y he relegado el blog, pero nunca lo cerré, quizás porque sabía que cuando tuviera algo importante que contar estaría aquí. Una de las cosas más maravillosas que me ha pasado este 2020 ha sido esta sesión de fotos. Mi sesión, sin duda, más personal. Para hablar de ella tengo que hablar de Carmen Hache. Desde que la descubrí en las redes, siempre había querido hacer algún curso con ella. La distancia nos lo puso algo complicado, así que cuando lanzó su primer curso online, fui a por él de cabeza. Las primeras semanas del curso fueron extrañas. Me sentí en algún momento como en terapia. De pronto alguien estaba removiendo mi mundo y no llegaba a entender por qué, pero claro que había un motivo. Sin ese viaje hacia mí misma, jamás hubiera hecho estas fotos. Hasta ahora, hacía mucho retrato, pero siempre me anulaba e intentaba reflejar solo a la persona que fotografiaba, no había nada de mí en ellas, o eso creo. Esta sesión fue distinta. Fue desde mí y para mí, y en ella soy más yo que nunca. No sé explicar lo que sentí mientras la soñaba, cuando la ejecutaba y ahora que la veo y la reveo, pero si sé que me pone los pelos de punta, y eso ya es mucho. Hay un trocito de mi alma en ella, de mis miedos más profundos. Mi forma de hacer fotos posiblemente cambiará a raíz de este curso. De hecho, por primera vez, yo que soy de pensar que todo lo hago mal, realmente por un instante me sentí fotógrafa. Algo en lo que ni siquiera me atrevía a creer. Carmen acaba de lanzar la tercera edición de Encuentra tu estilo fotográfico y lo recomiendo totalmente. Para mí ha sido el regalo más bonito que me he hecho. Nada que ver con otra formación online que había realizado anteriormente. Carmen te acompaña tanto en todo momento, que logra traspasar la pantalla del ordenador, y llegan a desaparecer las distancias hasta que casi parece un curso presencial. Ella es una gran maestra, de una generosidad sin límites, de esas especies difíciles de encontrar. Gracias infinitas por tanto, Carmen. Y gracias a mi querida Amparo, la modelo de esta sesión, que supo dar vida a mi sueño. Ella es muchas cosas, pero sobre todo es risas y alegría, y en esta sesión la llevé hasta el llanto. Captar esas lágrimas fue el momento más duro al que me he enfrentado en una sesión de fotos. A pesar de lo mucho que insistió en que solo estaba actuando, llegó un momento en que me estaba afectando tanto que tuve que parar. Gracias también, Aitor, por tu ayuda y tu apoyo, y gracias a Talleres Palermo por dejarnos hacer esta sesión en sus baños, tan cinematográficos. Todo el local es mágico, la verdad. La inspiración de estas imágenes surgió de la escena del baile del Joker en el baño. Desde que la imaginé en mi cabeza, sabía que quería que ella, Amparo, fuera la modelo, y también supe que quería que ese, Talleres Palermo, fuera el lugar. Los colores estaban estudiados, la ropa, el maquillaje, la música, la danza (ella está bailando en todo momento)... y el resto, un poquito de magia.