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El Bento Japonés

abril 06, 2021


Descubrí este restaurante un día de regreso a casa. Aún estaba en obras. Recuerdo que pegué mi chata nariz a su cristal y había una joven dentro. Salió para atenderme y me contó que iban a abrir un restaurante japonés. Pasé alguna vez más antes de la apertura, siempre preguntando cuándo abrían hasta que por fin hubo fecha. Abrieron un martes, y justo una semana después ya lo estaba probando con unos amigos. Nos apuntamos a la aventura omakase, una palabra japonesa que significa confiar o ponerse en las manos del chef. En este caso de la chef, Teresa. Ella solo recuerda de ese día que una mujer algo alocada no paraba de hacer fotos a ella y a su comida. Debo ser rara vista desde fuera. Bueno, para no engañarnos, desde dentro también. A esa primera vez sucedieron muchas más, eso que El Bento solo lleva abierto desde el 1 de diciembre de 2020 y, cosas de la pandemia, mucho de ese tiempo ha permanecido cerrado. Si pasan por la ‘casa’ de Teresa y Rohit, no solo encontrarán una comida extraordinaria, sino también un trato exquisito y amable. El local es pequeño, apenas cuatro mesas, y su decoración, sencilla y delicada. 

“E hice las maletas”, quizá esa fue la frase que más pronunció Teresa cuando la entrevistaba para este post. Una vida viajera por medio mundo con regreso al punto de partida, Las Palmas de Gran Canaria. De ascendencia coreana, aquí vivió los 17 primeros años de su vida y aquí vive ahora, pero hubo otros 17 años por diferentes ciudades del mundo. Iremos hablando de ellas mientras recorremos algunos de los episodios de su vida. 


La historia de Teresa con la cocina es una historia de amor y desamor. Le gustaba cocinar desde muy pequeña, pero cuando llegó la hora de decidir qué estudiar se decantó por otra opción. A los 17 años hizo esas primeras maletas en solitario para viajar a Seúl a estudiar literatura inglesa. Hablaba varios idiomas y parecía una opción coherente, pero cuando ya llevaba algunos años estudiando decidió que no era lo suyo y que lo que realmente deseaba era cocinar. Pensaba en recetas y hasta soñaba con ellas y las escribía en un papel al despertar. Llegaba de nuevo el momento de empaquetar sus cosas hacia un nuevo destino. Si quería formarse en cocina, quería hacerlo en el mejor lugar, y optó por Cordon Bleu, en París. Tras año y medio obtuvo el grand diplome, que incluye cocina y pastelería. Estudios terminados, ¿qué tocaba? Pues sí, hacer el equipaje de nuevo. Esta vez rumbo a Londres donde trabajó de chef en el restaurante Galvin at Windows en el hotel Hilton de Park Lane. “Eran 30 chefs, 28 hombres enormes”, relata ella, “y dos mujeres”. El trabajo en una gran cocina, con jornadas de 16 horas diarias y un ritmo frenético, acabó pasando factura en la salud de una cada vez más delgada Teresa. Así que tras seis meses lo dejó. Recogió sus cuchillos y abandonó llorando esa vida. Una decisión que supuso una ruptura con la cocina que le ha costado mucho superar. Lo compara con una separación matrimonial. Fue muy doloroso, veía una revista de gastronomía y para ella era como ver una foto de su ex. Apartó la cocina de su vida porque dolía demasiado. Ahora, regresa con su proyecto propio, El Bento Japones, y es como comenzar con una nueva pareja, “como conocerse de nuevo, como volver a cogerse de la mano”, así lo describe y escuchándola se nota que aún la herida no ha acabado de cicatrizar pero está en proceso. Lo que cocina es tan excepcional que ese amor tenía irremediablemente que renacer.


Les he contado la ruptura y esa segunda oportunidad que ambas, cocina y chef, se han dado, pero hasta llegar aquí no ha estado quieta, ni mucho menos. Tras dejar el Hilton, se quedó un tiempo en Londres en la Maison du Chocolat de los famosos almacenes Harrods. Un lugar donde el chocolate es un artículo de lujo que se vende por gramos como el oro. Estuvo un año y luego quiso volver a estudiar. Hasta ahora conocía el mundo de un restaurante desde la cocina, pero quería saber lo que pasaba también en sala. Tras hacer de nuevo las maletas, estudió dirección hotelera en la escuela suiza Les Roches en su delegación en Marbella. Allí estuvo tres años. Las prácticas en Barcelona, nuevo viaje, nueva ciudad. En esta ocasión en el hotel Arts y Mandarin Oriental. Le ofrecieron trabajar de bartender. Ya ha pasado tiempo, más que suficiente como para confesar que no tenía ni idea de la profesión cuando recibió la oferta. Eso no la amedrentó. Compró una decena de libros de coctelería en la Fnac, se empapó de ellos y acudió al trabajo. Las lecturas y sus conocimientos de cocina hicieron que su carrera ascendiera con rapidez. La profesión le gustó más de lo que imaginaba. Las mezclas le recordaban mucho a cocinar. De pronto le llegaron dos ofertas a la vez. Una en España y otra en Hong Kong. Se decidió por esta última y maletas mediante again, acabó trabajando en el bar más alto del mundo, en la planta 118 del ICC Tower. En el Ozone Bar conoció a su actual pareja, Rohit, un gran coctelero con el que ha creado El Bento japonés. Tras un tiempo en Macao y otro más en Hong Kong decidieron venirse a Las Palmas de Gran Canaria. Jay, su hijo, ya había nacido y era un buen momento para volver con la familia. Querían tener su propio proyecto. Tras una breve experiencia en el mundo de los accesorios para teléfonos móviles, llegó la pandemia, cerraron y hubo que volver a pensar qué hacer. Esta vez, con el corazón ya más recuperado de aquella ruptura con la cocina en Londres, decidió que era el momento de cerrar las heridas y retomar su pasión. “Creo que es el momento de hacer lo que sabemos hacer”, se dijo, y tras vencer los miedos iniciales nació su primer restaurante, su proyecto más personal. 


Perdón, me he saltado un paso. Tras la decisión hubo que encontrar el local. Buscó por varias zonas, pero ninguna opción le convencía. Un día, por casualidad (como llegan a veces las mejores cosas de la vida) decidió acortar camino por una calle que conocía bien, Isla de Cuba, y se encontró con un local vacío. En un cartel se leía como una premonición “Se alquila restaurante japonés”. No fue difícil fijarse en él. Era un día soleado y estaba totalmente iluminado. Y de nuevo otra señal, estaba justo frente al colegio Santa Catalina, donde ella acudía de pequeña los sábados por la mañana para aprender a escribir en coreano. Así que ese debía ser el lugar. Quería un restaurante japonés, adora su cocina y conoce bien el país que ha visitado muchas veces, pero pretendía ofrecer algo diferente y trajo a la isla el omakase. También cuenta con una pequeña carta, pero su idea es centrarse en ese concepto que permite ofrecer lo mejor, lo más fresco y de temporada que tienen cada día. Abrió un 1 de diciembre a la 1 del mediodía y tan solo 1 minuto después ya tenía los primeros clientes. Desde entonces esa puerta no ha dejado de sonar. No son tiempos fáciles para la hostelería, pero auguro los mejores éxitos a esta pareja. Ya han tenido que cerrar varias veces por las restricciones actuales, pero se plantean cada cierre como una oportunidad para pensar y hacerlo mejor. 


La cocina de Teresa es una cocina muy personal repleta de memorias. El pulpo, por ejemplo, le recuerda a su padre (con empresas en el sector); el yuzu, a su abuela; el melocotón, a su madre, y el cilantro es influencia de Rohit, nacido en Nepal. Asegura que no cocina con el paladar, sino con la cabeza, que alberga toda la paleta de sabores de su vida. Sus platos vienen bien acompañados por la diversión de los cócteles de Rohit. Una alianza perfecta que hace de la experiencia Bento algo imposible de olvidar. Gracias, pareja, por tanto amor. 








Repostería

La dulce historia de un ave viajera

marzo 07, 2021



Hay proyectos con los que me entusiasmo antes incluso de visitarlos. No recuerdo cómo llegué hasta el Instagram de Dana, pero fue empezar a seguirla y preguntarle cada semana que cuándo abriría esa ansiada pastelería. Después de mucho esfuerzo, Ave veía la luz en Las Palmas de Gran Canaria el pasado 3 de marzo. La visité dos días después y ya casi no quedaba nada en las vitrinas, y así fue desde el primer día, éxito rotundo. Detrás de ese proyecto hay alguien con una intensa historia a pesar de su corta edad, tan solo 26 años. Ave es el primer proyecto propio de Dana, pero tras él hay horas de esfuerzo y trabajo. Esta joven de ascendencia libano-francesa nació en Costa de Marfil. A los diez años llegó a Canarias, junto a sus padres, huyendo de la guerra. Pasó aquí solo tres años, pero continuó viniendo algún verano. A los trece su familia regresó a África, en esta ocasión a Ghana, donde Dana estudió el bachillerato. De momento tenemos una niñez entre Costa de Marfil y Canarias, la adolescencia en Ghana La juventud la pasó en Francia, donde estudió su carrera de Marketing y Management. Hasta ahora no hemos hablado de su relación con la cocina, aunque siempre le apasionó, tanto cocinar como ver cocinar a su madre y a su abuela. Le gusta especialmente la repostería, ese trabajo tan minucioso, donde cada ingrediente está pesado y medido; le relaja. Así que sus primeros trabajos, aunque desde el lado del marketing, fueron en empresas dedicadas a la gastronomía. Su primera parada, Valrhona. El chocolate es una de sus pasiones. De hecho hizo su tesis sobre él. Después llegaron unas prácticas en Pierre Hermé, conocido como el rey del macaron en París. Soñaba con trabajar con él y lo consiguió, todavía desde el marketing. Tras ello llegó el salón de té de Angelina, creando franquicias en Medio Oriente. Y por fin, llegó el momento de estudiar en la escuela de cocina de París. Cursó el grado técnico de pastelería en Ferrandi, una de las mejores escuelas de Francia. De momento, ya conocemos su conexión con la cocina. Solo nos queda saber cómo llega nuevamente a las islas. Pues fue más bien fruto de la casualidad. En uno de sus veranos en Gran Canaria, notó un cambio gastronómico con apuestas nuevas, arriesgadas y diferentes, pero, sobre todo, en restaurantes, no tanto en pastelerías, y ahí encontró ella su hueco. Esperemos que sea para siempre o, al menos, por mucho tiempo. Si pasas por la calle Carmen Llopis número 1, puede que te encuentres con largas colas, o vitrinas ya vacías si llegas tarde. Símbolo del éxito de esta joven, pero sobre todo símbolo de su esfuerzo. No solo del que la ha traído hasta aquí, sino también de su trabajo incansable. A las cinco se despierta y no deja de trabajar hasta medianoche. Solo libra un día y ni siquiera así su cabecita para, sigue pensando en recetas e ideas nuevas que incluyen ingredientes locales, como los limones de Valleseco o la flor de sal de las Salinas de Tenefé. Su vida ha sido un viaje como el de un ave, de ahí el nombre del local. Un viaje, como podrás leer en la pared de su pastelería, que comienza con el primer bocado, y que puede llevarte al pasado, hasta ese sabor de la infancia y a los platos que te preparaba tu abuela, o que puede llevarte a destinos en los que has estado y quedaron marcados en tu paladar y en tu recuerdo. Seguro que nos vemos pronto por allí. 







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El amor en los tiempos del covid

febrero 07, 2021


Como esos pequeños brotes de hierba que ves nacer del asfalto o entre los ladrillos de una pared, el amor también se abre paso en terrenos difíciles. Guerra, hambruna, o pandemia…Incluso en los peores escenarios, como la naturaleza, el amor encuentra sus formas para crecer. 


Hoy les voy a contar una historia de amor, o más bien de su nacimiento. 


Ella pasó varias veces por delante de su restaurante en la calle General Mas de Gaminde. Siempre se detenía a mirar, pero nunca se animaba a entrar. Al final un día fue a cenar, convencida por un amigo. George les atendió y comenzaron a hablar, en inglés, algo que siguen haciendo hoy en día. Comió cordero y baba ganoush, ella que hasta ese día aseguraba que no le gustaba el cordero y que odiaba las berenjenas. Resultó que en El Coto le encantó. Él cada vez iba más a su mesa (algo que su amigo se encargó de aclarar que nunca solía hacer). Ella (ah, por cierto, se llama Celina, Anna Celina para mí, creo que soy de las pocas personas que la llaman por su nombre compuesto) no podía dejar de mirarle, le observaba trabajando (algo que incomodaba un poco al amigo que la acompañaba, pero es que no podía parar). 


Un tiempo más tarde, justo tres días antes de su cumpleaños, acudió por segunda vez al restaurante de George. Esta vez con otro amigo y esta vez fue ella la que propuso el sitio. Solo había visto sus ojos (cosas de la pandemia y las mascarillas), aún no conocía su cara y ya deseaba tocarle. Ese día no ocurrió, pero tres días más tarde le llegó un mensaje suyo felicitándola por su cumpleaños. Un mensaje que Celina recibió como cuando tienes 16 años y vives tu primer amor. 


Afirma que estaba en un buen momento a solas, que no esperaba ni buscaba nada, pero apareció él y se enamoró como una adolescente. Un cortejo en tiempos de poco contacto y muchos WhatsApp, un amor en tiempos modernos para alguien que se siente de alguna forma un alma antigua. Luego llegaron las llamadas, las largas llamadas, se pasaban horas y horas hablando por teléfono. Un día quedaron para un café y fue con la segunda quedada y el segundo café cuando llegó el primer beso. Cuando ella te habla de ese momento, realmente parece que te lo cuenta alguien que hubiera recibido un beso por primera vez. Te describe a la perfección cómo él se quitó la mascarilla, retiró la de ella, y se acercó a sus labios. 


Ella nació en Guatemala y ha vivido en Estados Unidos, Francia e Italia. Él nació en el Líbano y ha vivido en Estados Unidos y Nigeria, pero se han venido a encontrar en una pequeña isla del Atlántico llamada Gran Canaria, y más en concreto en su capital, Las Palmas de Gran Canaria. Aquí coincidieron pero ya les unía un viaje gastronómico de olores y sabores. Los dos conservan recuerdos de su estancia en Estados Unidos, y hay más. Una infancia en dos puntos tan distantes como Guatemala y Nigeria pero tan unidos por el gusto. Ambos recuerdan unos primeros años de vida en calles de tierra, grandes mercados y paladares que disfrutaban de plátanos machos fritos, aguacates y mangas. Memorias comunes de dos niños, adolescentes y adultos que nunca se habían visto. 


El café y la cultura de la comida es algo que les une. Ambos regentan un restaurante -Celina, Zoe, y él, El Coto-, pero ella nunca se había metido en los fogones. Fue al descubrir la cocina libanesa de George cuando se enamoró de la gastronomía de otro modo. Seguro que muy pronto harán algo juntos. Aseguran que les une su ética de trabajo, su amor por los productos frescos y por la atención al cliente. Así que nos toca esperar a ver con qué nos sorprenden estos dos enamorados. Si entre ellos saltan chispas, seguro que también en sus cocinas. 




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Bevir nos habla de Bachaco

diciembre 06, 2020


Cada semana recorremos algún restaurante de la ciudad de la mano de un chef. En esta ocasión Bevir nos recomienda Bachaco, y lo hacen así: 

"Recomendamos a Bachaco porque son unos vecinos maravillosos y porque sin duda tienen los mejores Poke de la isla, bueno, y los tequeños también!! Todas las semanas les visito, o para tomar un Poke, o para endulzarme la tarde con su espectacular tarta “Matilda”. Llevan ya 2 años abiertos y sus dueñas (Vero y Vivi) son fantásticas, unas súper trabajadoras y siempre con una sonrisa. Es un proyecto nuevo y diferente con productos frescos y rápidos de preparar y comer, además de súper saludables!! Tenemos suerte de tenerlas cerca!".







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Deliciosa Marta nos habla de Bevir

noviembre 26, 2020


Continuamos el recorrido por los mejores restaurantes de Las Palmas de Gran Canaria. Una ruta por el sabor que diseñan los propios chefs de la ciudad. Deliciosa Marta nos recomienda Bevir

"Amamos este oficio, y lo amamos porque tiene mucho de constancia, de respeto, generosidad y honestidad. Mucho de ilusión, dedicación y esfuerzo. Por eso, siempre buscamos propuestas donde prevalezcan estos valores y sin duda bevir los tiene. Son pura ilusión desde sus inicios, con una propuesta altamente gastronómica. Han conseguido marcar una línea clara de trabajo hacia la perfección, con una magnífica ejecución y puesta en escena de todo aquello que realizan. Con su llegada han llenado un espacio maravilloso en nuestra calle y han conseguido ser un referente del buen hacer. Siempre, nos han demostrado mucho cariño y generosidad, se merecen sin duda nuestros mejores deseos y todo nuestro respeto".







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Vajillas artesanas y personalizadas para chefs que marcan la diferencia

noviembre 22, 2020


Este post reúne algunas de mis cosas favoritas: la fotografía, la cerámica y la gastronomía. Soy de esas personas que cuando les gusta una vajilla en un restaurante pregunta de dónde es o incluso les da la vuelta para ver si hay sello de la marca. Lo mejor es cuando ya intuyes de quién puede ser el plato y reconoces al artista que hay detrás de él. Me parece que es un valor a tener en cuenta tanto cuando acudes a comer a algún local, como en casa. La sensación cambia cuando pones una bonita mesa y te rodeas de belleza. "Se come también con los ojos" nos cuenta el chef José Rojano que asegura que "No es lo mismo comer, que comer en una vajilla bonita y personalizada, pensada para acoger específicamente ese plato". La vajilla del Bodegón del Pueblo Canario ya estaba cuando tomó las riendas del restaurante, pero ha ido ampliando las piezas diseñándolas específicamente para sus creaciones con diseños personalizados hechos por Mira Cerámica. Es, sin duda, un elemento diferenciador. Hay un hermoso viaje desde la idea, que tiene el chef, hasta la materia, ese cuenco, esa taza...creada por manos artesanas. Una experiencia que alcanza al comensal cuando el plato llega a su mesa. Su forma, su color, su textura..., te cuentan una historia. 

Bodegón del Pueblo Canario. Foto: Iraya Pérez
Bodegón del Pueblo Canario. Foto: Iraya Pérez

Conocí a los dos miembros de Mira por separado y ya me gustaba lo que hacían, y ahora que se han unido, lo que crean es pura magia. Piezas capaces de trasladarte a lugares lejanos o a tus propias raíces. Para Rocío y Gustavo la cerámica no solo es su modo de vida sino también su modo de expresión, de sentir, un modo de conectar a través de las emociones con la persona que sostiene en sus manos cada una de sus piezas.  

 La Trastienda de Chago. Foto: Iraya Pérez

La Trastienda de Chago. Foto: Iraya Pérez

"La vajilla artesanal de un restaurante se puede comparar a un buen servicio, a un adecuado diseño del espacio, a su comodidad..., aspectos a veces intangibles que transmiten y suman", nos cuenta Gustavo. También las usan en casa. "Nos resulta infinitamente más cálido y agradable usar nuestras vajillas", asegura Rocío. Se quedan siempre, eso sí, con las que tienen algún defecto. No solo porque así les dan un hogar, sino porque les encanta  realmente esa belleza imperfecta, ese wabi-sabi que sería el término japonés. Japón les fascina y se nota su influencia en las piezas. Les gusta su diseño y su sentido práctico. Rocío cuenta que desde muy joven cuando veía cerámica japonesa, aunque fuera en un libro, sentía cosquillitas. Una sensación que, por experiencia digo, se traspasa cuando adquieres una de sus piezas. 

Calma Chicha. Foto: Iraya

La cerámica forma parte de la experiencia en un restaurante y también en casa. Cada vea más personas disfrutan de cocinar en el hogar, de valorar los momentos de encuentro alrededor de una buena mesa. "La belleza tiene su función, la de hacernos sentir bien", nos recuerda Rocío. Y la cerámica siempre está muy presente en nuestras  vidas. Ya sea un regalo que guardas con especial cariño, una pieza elegida y comprada por ti, heredada de alguien querido o traída de algún viaje. Son parte de nuestros recuerdos.

Ay, Carmela. Foto: Iraya Pérez

Ay, Carmela. Foto: Iraya Pérez

Todas las fotos de este post son de mi querida maestra Iraya Pérez, con quien comparto la pasión por la fotografía y también por la cerámica. Desde siempre ha sentido atracción por el proceso artesano. "No solo por su lado artístico, sino también por esa carga de herencia cultural muy necesaria", nos cuenta. Afirma que el uso de las manos, el tacto como herramienta de creación, aporta al producto final un carácter único e irrepetible. Hace fotografía porque es el lenguaje con el que se siente más cómoda. Le gusta conectar con el momento presente, con la belleza de lo sutil, dos aspectos que enlazan bien con la artesanía. Cuando veía piezas de Rocío algo le impulsaba a conocerla, quería capturar con su cámara la magia que nacía de sus manos. Tras una breve sesión casi improvisada, el momento de trabajar juntas llegó tras la unión con Gustavo para crear Mira Cerámica.  Desde entonces ha tenido el privilegio de acompañarles en este camino retratando sus creaciones. 

El Almirez. Foto: Iraya Pérez
El Almirez. Foto: Iraya Pérez


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Siboney nos habla de Deliciosa Marta

noviembre 17, 2020



Continuamos la ruta por los mejores restaurantes de Las Palmas de Gran Canaria, recomendados por los propios chefs del archipiélago. Hoy Siboney nos habla de Deliciosa Marta: 

"Nos gusta volver a Deliciosa Marta cada poco como quien vuelve a casa para las grandes ocasiones. Fue una de las primeras experiencias gastronómicas de altura que disfrutamos en Las Palmas de GC hace ya... ¿cuántos años? Su llegada fue rupturista desde el principio por la calidad del producto, su elaboración origina y al mismo tiempo lo sencillo de su propuesta. Hace tiempo que ya son un valor seguro, un ejemplo a seguir por su riesgo y profesionalidad. Nadie se resiste a su ensaladilla, la textura de los platos de cuchara y esos míticos steak tartares, por recordar algunos de nuestros favoritos. Siempre sales satisfecho. La de Pol y Marta es desde luego alta cocina y sin embargo se siente muy próxima por su carácter familiar. Por eso sigue siendo una referencia indispensable en la capital grancanaria que no deja de sorprenderte en cada nueva visita".