jueves, 30 de junio de 2011

La casa de Frida

 

Visitamos sin duda una casa con personalidad. Entenderían que no puede ser de otra manera si conocieran a sus inquilinos. El carácter de ambos se refleja en cada detalle en este encantador piso de Barcelona, aunque, con perdón de mi amiga, el toque de él cobra mayor protagonismo. No en vano es el artífice de la mayoría de las maravillas que hay en su interior. Muchas piezas adquiridas en sus infinitos viajes, otras heredadas y algunas compradas en anticuarios, mercadillos o brocanterías. Ambos son amantes de las antigüedades y eso se nota en la casa. Alguno de los muebles ha sido recuperado de la calle (piezas que otros vecinos dejan un día a la semana en Barcelona para que puedan seguir viviendo en otro hogar) y restaurados con mimo por las diestras manos de Josep. De ahí lo de que su toque sea más evidente. Una casa hecha con cariño en la que lo artificial no tiene cabida y en la que nunca faltan mimosas frescas. Ah, y se me olvidaba, con una dulce compañera, la verdadera reina de la casa: Frida.



Vista general del salón en el que destacamos la mesa de centro encontrada en Madrid, en la calle. En realidad era una mesa de comedor y Josep le cortó las patas para convertirla en una mesa de centro. Es la pieza preferida de mi amiga.


Los enormes ventanales de la casa generan mi más sana envidia. Sobre el cabecero de la cama comparten espacio dos póster adquiridos en las Galerías Lafayette en París en 2004 y un sombrero de medio euro comprado en Tailandia en el año 2003.



Mueble de madera hecho a medida para acoger unos 3.000 dvd’s. El buen cine, y especialmente los clásicos, son una de las pasiones de sus propietarios. Uno de los estantes es un homenaje a una de las grandes: Elizabeth Taylor.


Biblioteca con estantería y bureau comprados a muy buen precio en el mercado de Los Encantes. El bureau costó 50 euros, pero hubo que quitarle tres capas de pintura (azul cielo sobre rojo) para devolverle el esplendor de la madera original. Colgadas en la pared varias máscaras, siempre de animales.

Cuadro adquirido en un anticuario de Toulouse, Francia. Es de principios de 1800 y reproduce el beso de dos bailarinas. Costó 150 euros y además se llevaron otro de regalo. Eso es suerte.


Y por fin conocen a la gran protagonista de la historia, la reina de la casa. Desde que llegó a sus vidas, Frida es realmente la gran pasión de Raquel y Josep.

1 comentario:

  1. Esta es una de esas casas que guarda muchas historias y eso me gusta.

    ResponderEliminar