Repostería

La dulce historia de un ave viajera

marzo 07, 2021



Hay proyectos con los que me entusiasmo antes incluso de visitarlos. No recuerdo cómo llegué hasta el Instagram de Dana, pero fue empezar a seguirla y preguntarle cada semana que cuándo abriría esa ansiada pastelería. Después de mucho esfuerzo, Ave veía la luz en Las Palmas de Gran Canaria el pasado 3 de marzo. La visité dos días después y ya casi no quedaba nada en las vitrinas, y así fue desde el primer día, éxito rotundo. Detrás de ese proyecto hay alguien con una intensa historia a pesar de su corta edad, tan solo 26 años. Ave es el primer proyecto propio de Dana, pero tras él hay horas de esfuerzo y trabajo. Esta joven de ascendencia libano-francesa nació en Costa de Marfil. A los diez años llegó a Canarias, junto a sus padres, huyendo de la guerra. Pasó aquí solo tres años, pero continuó viniendo algún verano. A los trece su familia regresó a África, en esta ocasión a Ghana, donde Dana estudió el bachillerato. De momento tenemos una niñez entre Costa de Marfil y Canarias, la adolescencia en Ghana La juventud la pasó en Francia, donde estudió su carrera de Marketing y Management. Hasta ahora no hemos hablado de su relación con la cocina, aunque siempre le apasionó, tanto cocinar como ver cocinar a su madre y a su abuela. Le gusta especialmente la repostería, ese trabajo tan minucioso, donde cada ingrediente está pesado y medido; le relaja. Así que sus primeros trabajos, aunque desde el lado del marketing, fueron en empresas dedicadas a la gastronomía. Su primera parada, Valrhona. El chocolate es una de sus pasiones. De hecho hizo su tesis sobre él. Después llegaron unas prácticas en Pierre Hermé, conocido como el rey del macaron en París. Soñaba con trabajar con él y lo consiguió, todavía desde el marketing. Tras ello llegó el salón de té de Angelina, creando franquicias en Medio Oriente. Y por fin, llegó el momento de estudiar en la escuela de cocina de París. Cursó el grado técnico de pastelería en Ferrandi, una de las mejores escuelas de Francia. De momento, ya conocemos su conexión con la cocina. Solo nos queda saber cómo llega nuevamente a las islas. Pues fue más bien fruto de la casualidad. En uno de sus veranos en Gran Canaria, notó un cambio gastronómico con apuestas nuevas, arriesgadas y diferentes, pero, sobre todo, en restaurantes, no tanto en pastelerías, y ahí encontró ella su hueco. Esperemos que sea para siempre o, al menos, por mucho tiempo. Si pasas por la calle Carmen Llopis número 1, puede que te encuentres con largas colas, o vitrinas ya vacías si llegas tarde. Símbolo del éxito de esta joven, pero sobre todo símbolo de su esfuerzo. No solo del que la ha traído hasta aquí, sino también de su trabajo incansable. A las cinco se despierta y no deja de trabajar hasta medianoche. Solo libra un día y ni siquiera así su cabecita para, sigue pensando en recetas e ideas nuevas que incluyen ingredientes locales, como los limones de Valleseco o la flor de sal de las Salinas de Tenefé. Su vida ha sido un viaje como el de un ave, de ahí el nombre del local. Un viaje, como podrás leer en la pared de su pastelería, que comienza con el primer bocado, y que puede llevarte al pasado, hasta ese sabor de la infancia y a los platos que te preparaba tu abuela, o que puede llevarte a destinos en los que has estado y quedaron marcados en tu paladar y en tu recuerdo. Seguro que nos vemos pronto por allí. 







Repostería

Tartas reconfortantes en Hacienda Doña Felicia

octubre 04, 2020

Les presento mis tartas preferidas de la isla. En realidad, las más ricas que he probado nunca, ni siquiera en mis viajes he encontrado alguna mejor que las de la Hacienda doña Felicia. Su sabor te convence y su textura te enamora, es como si acariciara tu paladar. Tan deliciosas como quienes te atienden tras el mostrador. Yasmina y Daniel son pareja desde hace 23 años. Ella es de Telde, en Gran Canaria, y él es de Madrid. Ella trabajó durante años en el mundo del periodismo. Él tenía un negocio de artes gráficas. Les encantaba vivir en la capital del país, pero el ritmo de vida de la gran ciudad acabó saturándolos. Deseaban una vida más tranquila, más conectada con la naturaleza y alejada del estrés. Soñaban con vivir en Gran Canaria y montar un negocio juntos haciendo algo que les encantara. Ambos disfrutan de la comida y de cocinar para otros. Curiosamente, aunque tengan un obrador de tartas, aseguran que son más de salado. Les costó incluso dar con una tarta para su boda porque no encontraban una que les gustara. Yasmina comenzó a apuntarse a cursos de repostería y preparar tartas en casa para cumpleaños de amigos. Sentía la inquietud de elaborarlas lo más sanas posible, con ingredientes ecológicos y con menos azúcar. Resultó que se le daba genial y que eso le hacía feliz. En 2014 finalmente se mudaron a la isla, pero no fue hasta dos años después cuando hicieron realidad su sueño, en agosto de 2016. En La Garita, en un pequeño local algo escondido arrancaron su obrador de repostería natural. El nombre del local es un homenaje a la abuela de Yasmina llamada Felicia. Una mujer, asegura su nieta, fuerte, sabia, alegre, disfrutona y muy golosa. Desde su pequeño negocio defienden el consumo local. Utilizan frutas y verduras de agricultores ecológicos de la isla.